The Comeback o La Becaria Emitiendo en Directo desde “los States” II

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¡La becaria ha vuelto! Y por partida doble: no sólo vuelvo a escribir un post (que desde los Oscars no pasaba por aquí) sino que además os escribo desde Boston < Massachusetts < Estados Unidos de América < la Tierra. Ciertamente, debo un par de entradas (off-topic) previas a este hilo que comienzo ahora, pero bueno, esta amenaza se consumará más adelante.

Una vez más, y ya van 3 seguidas -‘third year in a row, que decimos los americanos -, he engañado a un montón de gente y me he plantado de nuevo en USA. Y además, en la misma ciudad que hace dos años. Lo único que he cambiado es la universidad (por aquello de que no fuera todo igual – y porque siempre es más fácil engañar a gente nueva, también os lo digo -): en 2014 estuve en MIT y ahora, visito Harvard.

La primera cosa de la que me di cuenta mientras yo misma le daba señas al taxista de cómo ir desde el aeropuerto a mi nueva casa porque se había dejado las gafas y no veía el GPS – y es por esto, que Uber y Lyft y su sistema de rating de conductores en este país es necesario – es que Boston estaba igual que lo dejé – quizá con unas docenas menos de Bancos Santanderes y unas docenas más de boquetes en el asfalto de las calles – . La otra cosa de la que me di cuenta es que si llevas un visado en el que pone Harvard University, la gente es como más agradable – como si fuera yo una persona diferente a si no pusiera eso -. Y es que esta vez, a pesar de ir más morena, no me pararon dos horas de manera totalmente injustificada en la cola de la policía fronteriza al aterrizar. En esta ocasión, y como aprendo de los errores, insistí mucho en que escribieran bien mis dos nombres y tres apellidos a los de la policía fronteriza, que no quería andar de jaleos de nuevo.

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Gente ‘random’ cuando se entera de que están hablando con alguien que está en Harvard

Recuerdo ser pequeña, y no sé porqué – entiéndase que esto es un eufemismo para decir: por la tele -, saber que Harvard era una muy buena universidad. Y además, en una época en la que yo no tenía muy claro cómo era eso de que Reino Unido, Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos no fueran nombres para un mismo sitio: ése sitio donde la gente hablaba el idioma de Muzzy – y no vayáis de guais, porque en la mente de una niña que desconoce el imperialismo, que la gente que hable el mismo idioma viva junta tiene todo el sentido del mundo -. 

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Muzzy o la explicación a por qué desde siempre he dicho ‘cookie’ y eso de ‘biscuit’ me parece una pijada (Fuente: BBC América)

La universidad tiene este nombre, porque resulta que hace casi 400 años un señor clérigo (John Harvard) dejó toda su biblioteca y 779 libras en herencia a lo que entonces era una pequeña y casi recién inaugurada universidad de Nueva Inglaterra. Esto me invita a reflexionar sobre lo que son las épocas: a mí ahora mismo me dicen que me van a rendir pleitesía como a John durante tantos años, y les dono las 779 libras sin pensármelo dos veces. Y mi biblioteca entera, eso sí, ya es tarea suya lo que decidan hacer con todos mis libros de alto calado intelectual, entre los que se encuentran: ‘El Psicoanalista‘, ‘La Catedral del Mar‘ – que me lo leí pensando que sería “el Hacendado” de ‘Los Pilares de la Tierra‘ y con menos de la mitad de páginas – y todas las partituras del álbum ‘Palabra de Mujer‘ de Mónica Naranjo – mejor no preguntéis -. 

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La becaria mirando anonadada las hordas de turistas de todo el mundo que pasan a fotografiarse con la estatua del bueno de John

El primer día que fui a recoger mi  carné universitario – una vez más salgo con careto de jetlag – era la semana de bienvenida a los nuevos estudiantes de grado en el campus: un montón de familias enteras venían a acompañar a sus hijos a instalarse y participaban de numerosas actividades organizadas por animadores de la universidad. A los chavales, se les veía contentos pero bastante menos que a los padres: esos padres que descansaban tranquilos sabiendo que llegados a ese punto muy mal lo tenían que hacer sus hijos para que les fuera a faltar nada en el futuro. Estos pensamientos le vendrían al hacer un repaso mental de las carreras de algunas personas que estudiaron  aquí y que han transcendido. Y es que, que Estados Unidos es el país de las oportunidades puede comprobarse al echar un rápido vistazo a la lista de gente que ha estudiado algo en Harvard: Barack Obama, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Natalie Portman, Hilary Duff y yo.

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¡Uuuuyyy! Casi…aciertan con mi nombre

Sé que os encanta que me pasen cosas del tipo: meter la pata, no entender situaciones y/o encuentros varios con las fuerzas del orden ya sea por la calle, ya sea en aeropuertos. Siento comunicaros que soy ya muy ‘cosmopolita’ y paso bastante desapercibida entre la sociedad americana – me sigue encantando hacerme la sorprendida cuando alguien me habla directamente en castellano diciéndoles: “pero, ¿y cómo sabes que hablo español?” y así…Aunque empiezo a sospechar que esta broma sólo me hace gracia a mí -. La buena noticia, es que ahora mismo en Estados Unidos “están pasando cosas” como dice Guillermo Fésser. Y es que me va a pillar aquí todo el final del proceso electoral americanoy al parecer, otra vez el “refinitivo” final del proceso electoral español -. ¿Que por qué eso es una buena noticia? Pues ahora mismo no sé, pero oye, igual sale alguna historia entretenida de eso para que cuente aquí.

Reflexión de Hoy:

Pero, ¿qué hago yo aquí?

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El Choque Cultural o el ‘What’s going on?’

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NOTA: La imagen en portada obedece a una frase que viene de una serie británica…Quizás no pega mucho con esto, pero me gusta y la he puesto ¡y punto en boca!

He estado en una “Conferencia de Bienvenida a Estudiantes Internacionales” organizada por la universidad. Sí, ahora en Noviembre. Los asistentes éramos principalmente europeos y algún que otro americano no estadounidense. Los asiáticos pasaron del tema, que ellos no quieren ni necesitan ser bienvenidos ni nada, que para eso son mayoría aquí (también). Especialmente, lo que nos contaron fue un resumen de costumbres norteamericanas que desde la organización entienden que podrían sernos ajenas.

  • LA PRIMERA:“What’s going on?”. Si un americano te dice eso, quiere decir básicamente que tú debes contestarle…nada. O algo muy corto o incluso repetirle la misma frase. El saber esto cuando llegué me habría sido bastante útil, las cosas como son. Porque para la gente que venimos con ganas de hacer amigos y con unas necesidades comunicativas muy altas que no se ven cubiertas debido a la barrera idiomática, el escuchar un “What’s goin’ on?” al llegar al laboratorio por la mañana es que cae como agua de mayo, y claro, empiezas ahí a contar tu vida, tus cosas y bla bla (y en inglés, con el tiempo que me lleva y la paciencia que le requiere al que escucha y tal…) y lo primero que pasa es que el que te ha preguntado pone cara de susto porque no se lo esperaba, luego vienen unos segundos de confusión y finalmente, trata de disuadirte o te dice que tiene mucha prisa. Se han dado casos en que el “What’s goin’ on?” se produce en movimiento o a la carrera (para evitar posibles respuestas, supongo).
Yo solo

Se lo prometo, doctor. Yo solo le dije “What’s going on?” y se puso a contarme no sé qué de su vida en respuesta, ¡como si me interesara lo más mínimo! ¿Por qué? ¿POR QUÉ?

  • LA SEGUNDA: “El saludo”. Sí amigos, aquí también ocurre. Al principio esto de llegar a un sitio (tanto en el trabajo en España como fuera de las fronteras) y no saber si te van a dar la mano o dos besos me causaba desazón. Ahora ya es que me da un poco igual, porque he comprobado que pasan más vergüenza ellos que yo (no soy yo a la que el contacto físico le da ‘cosica’). Los estadounidenses tienen una variante sobre el resto de europeos-no-mediterráneos en lo del saludo que mola mucho: el abrazo americano. Esto es, que o bien aprovechando la sacudida de manos o bien ya desde la distancia, hacen el ademán de irte a abrazar. Y pobre de ti como no te lo esperes, o peor, como te emociones, porque en ese caso les asustarás. Para que lo entendáis, para nosotros los mediterráneos “el abrazo americano” es como quien tiene un tío en Alcalá: que ni tiene tío ni tiene ná (perdonad, pero es que quiero rescatar el refranero popular para los post, que mi compañera china no hace más que darme papelitos de proverbios de esos de las galletas y creo que me está contaminando mi sapiencia basada en la España profunda), o sea, que tienes que dejar suficiente espacio al dar el abrazo para que apenas haya contacto.
Galleta-de-la-Fortuna

Traducción literal (más o menos): “Tiempo no aprovechado, viento que ha pasado”.

  • LA TERCERA: el “Choque Cultural”. Esto quiere decir que dependiendo de cada cual, después de unas semanas o meses viviendo en tu nueva ciudad experimentas una caída brutal en la satisfacción que esta nueva experiencia te está reportando y entonces, todo te parece que comienza a ir mal: empiezas a culpar de tu insatisfacción al país y a la nueva cultura a la que te enfrentas; le coges manía a los ciudadanos de ése nuevo país y evitas relacionarte con ellos, mareas a tu familia y a tus amigos, pasas horas al Skype con tu cabeza más en tu país de origen que en el que te encuentras e incluso, en casos extremos, en un entorno tan competitivo como la investigación aquí se te puede acabar yendo de las manos todo (MIT has one of the student highest suicide rates) y esto es, en gran parte, lo que con estas charlas intentan evitar y, posiblemente, por eso es dos meses después del inicio del curso académico.
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El Shock Cultural, que gracias al dinero que destina el MINECO a estancias predoctorales, a los estudiantes españoles no nos da tiempo ni a olerlo.

Al finalizar la charla, nos invitaron a que tomáramos unos aperitivos y a que hiciéramos nuevos amiguitos. Y yo, que no se me escapa un piscolabis gratis en todo el ‘Boston Area’, allí estaba: comiendo fruta y queso. Tanteé un par de grupos, uno del tipo: “YO es que hago esto que es SÚPER importante para la supervivencia de la raza humana en la Tierra” (tengo ya demasiado de esto a mi alrededor habitualmente como para escuchar una más en mi tiempo libre) y otro del tipo: “YO he fundado esta empresa que es mejor que la tuya, Y LO SABES” (esta conversación con americanos la llevo bien pero con depende qué europeos…No, gracias), así que cuando escuché a un par hablando castellano allí que fui con mi queso y mi fruta. Y una ‘cookie’, que me la guardé para luego en casa, que aquí se cena muy pronto y claro, antes de dormir me apetece tomar algo (que no os preocupéis que normalmente no como galletas antes de dormir y que no, que no me estoy poniendo vaca-burra, pero para un día que cojo una galleta ya me estáis juzgando, como-si-os-viera ¡desalmados!). Eran un chaval colombiano que había vivido en un montón de países diferentes, ¡incluido Rusia! (R-E-S-P-E-C-T) y una chica argentina tan embarazada como indignada, según sus propias palabras: “Estoy en el punto más bajo de la gráfica esa del shock cultural“. Y es que, me siento tremendamente cercana a los argentinos con esa manera, a veces tan catastrofista, de expresarse. La pobre decía que los estadounidenses “son unos caretas” y “unos boludos” y estaba convencida de que tan felices y tan bien no les podía ir todo como decían, desconfiaba de la gente tan positiva (Y es que, si yo ya tengo mis reacciones imprevisibles cuando me va a bajar la regla no quiero ni imaginarme en pleno choque cultural y con las hormonas locas por un embarazo en otro país).

Reflexión de hoy:

“No os preocupéis por mí, que el doctorado no me va a quitar la vida…No puedo decir lo mismo de mi sentimiento de artista frustrada” * 

*Si alguien está interesado en lanzar mi carrera como vedette a lo Norma Duval o a lo Lina Morgan o algo: CONTACTO AQUÍ

El Asentamiento o La Importancia de Llamarse Becaria

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Antes de meterme en faena, quería hacer un inciso: como ya sabéis, la becaria (o sea, yo) dejé bastante preocupada a la actual Reina española con el tema de no encontrar alojamiento en Boston. Por primera vez en la historia (de mi vida), los monarcas han patrocinado en primera página las ferias de mi pueblo, y también os habréis enterado de que los Reyes han visitado recientemente Estados Unidos…¿casualidad? ¡Ahhhhhhhí lo dejo! No estoy autorizada para dar más detalles.

Pues así resumiendo desde que no escribo: he conocido a un montón de gente nueva y he tenido más trato del que hubiera deseado con la policía fronteriza.

Empiezo por el final: resulta que yo, desde siempre, tengo un nombre que consta de -al menos- 2 palabras y un apellido que consta de 3 palabras. Esto es “muy loco” en este país. Son varias las veces que he explicado aquí cómo es posible este fenómeno, la última hace un rato a la administrativo de mi supervisora que me ha confesado que durante los primeros días de trámites ella creía que preparaba el visado a dos personas diferentes. Hubiera estado gracioso. El caso es que, después de meses de lucha explicando que NO tengo ‘middle name‘ de esos, y que mi apellido SÍ es todo ese que escribo en letra pequeñita en los huecos escasos que dejan, cuando ya tocaba con la punta de los dedos mi último reto: la tarjeta identificativa de la universidad, me dicen que no les consta mi número de la I-94 form.

Matias

Y la Becaria dijo: “Pero esto de la I-94… ¿qué es lo que es?

Después de unos momentos de confusión, a los que siguió un poco de histeria que finalmente logré canalizar para centrarme en la resolución del problema, me dijeron que los “temas estos” los llevaba la policía fronteriza, que les llamara. Y otra crisis, bueno, la misma pero desde el principio: Que si cómo les llamo, que si no me van a entender, o peor, me van a entender pero yo a ellos no, que si por qué a mí, qué injusta la vida, bla bla… en fin… lo típico en estos casos. Finalmente, a la tercera llamada me vinieron a decir que es que esas cosas las tenía que arreglar en persona, así que tenía que ir al aeropuerto. Y allí que fui y comentar que, si volviera a ir otra vez hoy tendría en cuenta varias cosas: primera, llevar suelto para el billete y así no tener que buscar en medio de la nada alguna tienda; segunda, intentar bajarme en el trayecto circular al aeropuerto la primera vez y no esperar a dar una segunda vuelta (sí amigos, me ocurrió, muestra de que siempre las cosas pueden ir a peor).

Teniente Hooks de la policía fronteriza: "Ná, que nos hemos equivocao un poco con los apellidos. Perdona, chata"

Agente Hooks de la policía fronteriza en el aeropuerto: “Ná, que nos hemos equivocao un poco con los apellidos. Perdona, chata

Y esperé, me lo arreglaron, volví a la primera y se lo conté a mis nuevos amigos de mi casa. Y me encantaría deciros el nombre de todos pero lamentablemente, sólo sé algunos y es que mi memoria con los nombres es muy mala y algo que no ayuda en absoluto es no saber cómo se escriben. Ellos vienen, y te dicen: “Me llamo… Fulanito” y ese ‘Fulanito’ a ver cómo sabes tú cómo se escribe y luego a ver cómo lo repites al día siguiente cuando tengas que saludarlo… Resumiendo, que necesito apoyos para entender los nombres y por eso suelo usar a gente famosa, que es algo que ellos no ven muy claro pero a mí me funciona. Hasta el momento conozco: a “un Peter Pan“; a “un Jeremy Irons“; a “una Joan Collins” (bueno, esto no es del todo verdad porque ella es china, pero responde a Joan);  “un Joaquin Phoenix” (que es también de China y sospecho que tampoco es su nombre, pero funciona); a “una Lauren Bacall” y; a la que fue más difícil sin duda, “una Erin Brokovich” (que por más que le insistí no era Irene, aquí os dejo la pronunciación).

Yo también solía ser víctima de estos malentendidos con los nombres, porque se ve que cuando me pongo a intentar hablar en inglés durante un rato relajo la lengua en plan acento-de-Julio-Iglesias y me suelen entender cosas que no son, del estilo de “Laura” o “Lora”. Debido a esto decidí seguir un protocolo cuando digo mi nombre a gente que no es hispanohablante:

Yo me presento y digo: “¡Hola! Soy Lola” Si veo que dudan, les digo: “Sí, como la canción de ‘The Kinks’” y la tarareo un poco (este truco lo aprendí en Inglaterra y es útil). Si veo que no funciona, porque no se saben la canción, entonces ya cojo la artillería pesada y dejo salir un poco más mi entusiasmo yankee y digo: “Sí, Lola, sí, como en la canción que canta Rachel de ‘Friends’ en la boda de su ex-prometido“:

Y si veo que esto tampoco le suena, ya me miran raro y entonces digo: “Sí, Lola: L-O-L-A“.

Podréis pensar que mejor empezar deletreando, pero es que el hacerlo en este orden es útil porque además me sirve para clasificar a las personas: Los que reconocen mi nombre con la primera afirmación son normales-guays, los que lo reconocen con la segunda son súper-guays y los últimos son unos tristes.

Mi reflexión de hoy es:

“Si no tienes latifundios, estás emparentado con la aristocracia o eres jinete (esta última es acumulable al resto), piénsate bien si te compensa lo de tener tantos apellidos”

La Llegada o La Becaria emitiendo en Directo desde “los States”

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Os escribo desde Boston < Massachusetts < Estados Unidos de América < la Tierra, pero creo que esto es un dato que gracias a mi continuo hablar y hablar del tema ya casi todos los que me estáis leyendo lo sabíais de más.

Como ya comenté en la entrada anterior, he venido de estancia tres meses. Llevo aquí dos días en los que ando luchando como una jabata contra eso que dicen del ‘jetlag’ (6 horas menos que en Madrid), que debe ser verdad porque en la vida me he levantado tan temprano ni he tenido tanto sueño antes de las noticias de las 21h (que aquí son a las 20h).

Se me han juntado muchas cosas: mi primera estancia, mi primera vez en un vuelo transoceánico y mi primera vez en Estados Unidos. Y es que, yo soy de ése grupo de gente (¡un besote para Clarásofa!) que a veces duda si la cigüeña no se equivocó al dejarnos en Toledo (Castilla-La Mancha, España) cuando, en realidad, íbamos para Toledo (Ohio, EEUU).

Debido a que mi estancia supera los 90 días, tuve que pedir un visado de estudiante (un proceso fácil y rápido) que me inspeccionaron con detenimiento al pisar suelo americano. A mí, con mis pintas de narcotraficante venida a menos con sobredosis de adrenalina, no me llegaron a encerrar en una sala pero me hicieron lo que tantas veces me han hecho en París al intentar entrar con españoles a una discoteca: no te dicen que no puedes pasar directamente, pero te ponen en una cola híper-lenta, a ver si te pones nerviosa, la lías y así tienen excusa para echarte. Pero yo aguanté ahí estoicamente las casi dos horas con mi sonrisa y sin rechistar, y finalmente me dejaron pasar a suelo americano.

En la foto yo, con mi sonrisa de: "Dejadme pasar en ca' Obama"

En la foto yo, con mi sonrisa de: “Dejadme pasar que me hace mucha ilusión y no voy a hacer ná malo, payos

Yo hablar inglés, hablar, hablar… pues bueno, como que no. Yo sé decir cosas pero no decir las cosas que quiero como quiero cuando quiero, y claro, a todo este torrente de hiperactividad que derrocho no puedo darle rienda suelta si no es en español, pero yo lo intento en inglés, aunque quede raro. La gente aquí entiende perfectamente que tú no hables perfecto inglés y suelen hacer comentarios del tipo: “No te preocupes que mi español es mucho peor”. Estaréis conmigo en que, esto es algo que creo que podemos confirmar desde aquí que NUNCA NADIE ha dicho a lo ancho y largo de Gran Bretaña (Quiero aprovechar para enviar un saludo a los escoceses por decidir seguir aguantando a los ingleses: Gracias. También quiero enviar un beso a los británicos simpáticos.). Además, es muy normal que en el metro, anuncios, etc. haya mensajes en castellano. A parte, por supuesto, de la palabra española más presente en el paisaje urbano bostoniano: ‘Santander’. Es alucinante. Los locales más repetidos en la ciudad son, por este orden: Starbucks, Dunkin’ Donuts y Banco Santander. Yo flipo. Ya le gustaría al McDonald’s tener la mitad de locales que el difunto Emilio Botín (este dato lo he metido para que veáis que este blog es en riguroso directo).

Emilio Botín a La Becaria: "Yo triunfé con tu nivel de inglés... ¡Y lo sabes!"

Emilio Botín a La Becaria: “Yo triunfé con tu nivel de inglés… ¡Así que no pongas excusas!”

Otra cosa que me gusta de este país es que la gente te habla todo el rato cuando vas por cualquier sitio, que es algo que no hemos de confundir con que quieran ser tus mejores amigos ‘forever’: esto es una cosa que me explicaron y que tengo muy presente, que yo soy mucho de hacer amigos todo el rato y hay que llevar precaución porque la amistad así a borbotones, asusta aquí y en Beijing. Hasta el momento me han hablado sin venir a cuento en el aeropuerto, el autobús, el metro, la bicicleta y andando por la calle. Esta última fueron unos policías que estaban junto a una chica latinoamericana, yo buscaba una calle y ellos detectaron que necesitaba ayuda. Uno de ellos me preguntó que por qué iba allí y que de dónde venía, todo muy educadamente. Cuando le dije que era española dijo un: “Ahhh! Spain!” así como alegremente (me hubiera hecho gracia que le hubiera seguido un “flamenco, gitana, Antonio Banderas”, pero no sucedió). Después de darme las indicaciones pertinentes, me dijo si les podía ayudar a entender qué necesitaba la chica esta que se encontraba hablando por móvil y no sabía inglés. Ahí fui yo, A AYUDAR A LA AUTORIDAD. Mantuvimos una conversación de 3 minutos de las que sólo entendí que estaba buscando algo que no adiviné si era persona, animal o cosa. No sé el motivo de no entendernos: si era porque yo soy nueva en la ciudad, si era porque he perdido la capacidad de entender español o si era porque estaba borracha -ella-. El caso que yo, con cara de alucinada por no lograr entenderla, les dije a los policías pues eso, que no entendía qué buscaba, entonces el policía que me ayudó me miró seriamente y me dijo: “¡Ah! normal, si es que tú eres de España y ella es de Sudamérica y habláis dialectos diferentes”. ¡Toma reflexión chula que se marcó el colega! Y se quedó tan pancho. Iba a tratar de explicarlo pero el otro policía también parecía conforme con la reflexión así que desde mi yo-reflexivo-que-no-quiere-meterse-en-problemas decidí no llevarle la contraria y dirigirme al lugar que estaba buscando no sin antes darles las gracias.

La reflexión que hago hoy es:

“Estados Unidos también nos abre las puertas a las personas con nombre de narcotraficante y apellido de disidente cubano, pero nos las abre dos horas después que al resto”

¿Cuánto Invertir en Tu Propia Formación?

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Resulta que aquí la que escribe, se marcha de estancia pre-doctoral en 15 días. A Boston, la segunda ciudad más cara de los Estados Unidos de América (sólo superada por San Francisco). No me imagino a nadie con más ganas de visitar ése país que yo (bueno, tampoco he hecho una amplia encuesta a este respecto). El Ministerio de Economía y Competitividad, que siempre se muestran harto “majos”, me ha dado una ayuda. Una ayuda que me pareció generosa, y que, al empaparme del nivel de vida y del coste de la habitación en piso compartido que buscaba, así como las tasas que imponía la universidad de destino, se me tornó corta.

La búsqueda de una habitación en la ciudad ha sido una tarea ardua, que ha terminado por acabar con mi paciencia de persona-que-busca-el-mejor-precio (también podéis llamarme ahorrativa o agarrá) y finalmente he accedido a pagar lo que fuera por tener una cama, viendo que el tiempo se me echaba encima. Finalmente, esta semana hice el primer pago. La interpretación que hago de estos altísimos precios es simple: mucha más demanda que oferta de habitaciones en una ciudad llena de estudiantes de curso entero (con más probabilidad de encontrar alojamiento) y estudiantes de corto período que asisten a alguna de su inmensa oferta de universidades o de hospitales universitarios, así como una gran experiencia en la especulación con los precios por parte de los propietarios.

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En mi desesperación pedí ayuda a la Realeza: – BECARIA: “¿No conocerás a alguien en Boston que me deje una habitación?” – LETIZIA: “No, no conozco a nadie en todo Massachusetts” 

A unos días de mi partida, intento retomar la ilusión con la que me encontré el día que me dijeron que iría hasta allá tres meses, porque en este largo camino preparatorio, en ocasiones, he llegado incluso a enfadar. Yo sé que esta es una tremenda oportunidad, que más allá de lo que pueda o no aprender en el grupo de investigación al que voy, es una experiencia única que me va a enseñar muchas cosas posiblemente más valiosas, y que además, con la tremenda “papelitis” que enferma a esta sociedad en la que vivimos especialmente en España, me va a aportar lo que quieren ver. Pero, por otro lado, yo me pregunto si está justificado el después de tantos años pagando una formación, después de recibir una beca con un sueldo que lleva siendo el mismo desde su creación hace más de diez años y que, como “compensación” te ofrecen este tipo de estancias, etc. ¿cuánto es lícito pagar “de más” por tu trabajo que, como toda experiencia, te formará?

Mi situación ahora mismo es muy buena porque he tenido mucha suerte, no dejo de pensar en que soy en cierto modo privilegiada, pero creo que esto es algo que no justifica lo anterior. Vivimos en un  mundo muy competitivo, pero a veces dudo de si esta competitividad es totalmente “real” o es algo que nos dicen mucho y muchas veces para mantenernos entretenidos y calmados ante el hecho de injusticias en el sistema laboral. Yo quiero que en ningún momento se me olvide que me formo porque quiero ser mejor en lo que hago y eso me hace feliz, no porque tengo que ser mejor que “el de al lado” para que no haya excusas si no encuentro un empleo.  Mmm… igual aquí al final me he liado un poco más de la cuenta, ¿no?

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¿Un mundo muy competitivo?

Y ya sabéis chicos: ¡a formarse mucho! que es que está esto muy competitivo y seguro que luego encontramos un empleo en el que ponemos en práctica todas nuestras habilidades caras.